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EL CIUDADANO KANE Y EL LADRON DE BICICLETAS

* Por Eleusis

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Junio de 2009

El Ciudadano Kane es una película realizada en 1941 y es una muestra del género thriller; el Ladrón de Bicicletas, producida 7 años después, es un drama del Neorrealismo italiano.
           
Orson Welles, también su actor principal, utilizó en el Ciudadano Kane todos los recursos existentes hasta ese entonces de manera magistral: uso de la profundidad de campo, fotografías en claroscuro y juegos de iluminación,  escenografías techadas (lo cual no se había hecho antes), y notable uso de los movimientos de cámara y uso de grúas. Se valió de herramientas como el picado y el contrapicado. Cada escena, compuesta por una sucesión de imágenes, está perfectamente trabajada. La composición de los encuadres es destacable; hablan por sí solos en relación con lo narrado. Por su parte, Vittorio De Sicca hizo un uso abundante de rodaje en exteriores (calles y mercados de Roma), y los interiores en espacios reales como restaurantes, apartamentos y sótanos, sin planos en estudio, en parte por la falta de  decorados y de medios debido a la ocupación de los estudios Cinecittá por personas desalojadas a causa de las penurias de la guerra, y en parte porque era propio del neorrealismo utilizar nuevos modos de producción con iluminación natural e incluso con importante presencia de actores no profesionales, tratando de mostrar una Italia deshecha y miserable; la iluminación es pareja, todo se ve con nitidez. Se usan los planos abiertos y se le cuenta al espectador todo lo que ocurre en el escenario. Otro rasgo significativo es que todas las angulaciones de cámara están en función de lo que se quiere transmitir. Como por ejemplo la secuencia en la que con un picado se ve toda la calle mostrándonos la muchedumbre entre la que se pierde el ladrón y la impotencia del trabajador.

            La película italiana, como la mayoría de películas del neorrealismo italiano, aparentemente fue producida con recursos escasos ya que surgían en un contexto de miseria y de precariedad; lo que se rescata en cuanto al espacio es que hace una muy buena utilización de los lugares en los que se filma; la panorámica de los lugares cotidianos es profunda y significativa y tanto esos espacios como las situaciones que se dan  en ellos logran conmover.

            Las escenas en el Ciudadano Kane fueron perfectamente planeadas y el poder de las imágenes logradas es una prueba de ello, en tanto que en el Ladrón de Bicicletas la idea era hacer una especie de cine de urgencia que presentara un intencionado escenario de posguerra lleno de personajes perdidos en su anonimato, sin que ello significara que, según se sabe, sus escenas no fueran también planeadas una y otra vez, tratando de condicionar su lenguaje para dar una idea clara de la realidad que vivía Italia en ese momento. 

En el Ciudadano Kane se añade algo absolutamente nuevo para el cine de la época: la mirada personal del autor: el director, o más bien la cámara autónoma, como un narrador que cuenta la historia a su manera,  pero que incluye a otros narradores, o sea, otros puntos de vista; hay una estructura polifónica que implica una gran ruptura narrativa; narran la historia desde su óptica o desde la información que tienen, sucesivamente, los periodistas que dan la noticia de su muerte, a uno de los cuales se le entrega la misión de averiguar quién fue realmente Kane y qué significa Rosebud, en cuya tarea, aparecen otros narradores. Al final, sólo la cámara conoce qué es Rosebud y lo comparte con el espectador. En el Ladrón de Bicicletas, la historia es lineal; la narración es perfectamente clásica y la manera como se muestra a la ciudad casi la convierte en protagonista y le da un tono casi documental a la película. Su estructura es cíclica: el protagonista sale de la multitud anónima en la primera secuencia y vuelve a ella al final.  Se narran las peripecias del personaje, un desempleado que necesita de la bicicleta para un trabajo y que al serle robada, trata de recuperarla junto con su hijo y algunos amigos, lo cual hace por todo Roma, con un final desventurado.         

» El Ciudadano Kane y
el Ladrón de Bicicletas
“…Por eso nos pasa lo que nos pasa. Tenemos una élite cuya inteligencia es un misterio (puesto que nunca ha sido puesta a prueba) y cuyas virtudes morales (fuera de su entusiasta participación en los ritos dominicales) nunca se ejercitaron del todo cuando el horror se acercó a nosotros. Continúe leyendo ».

Carlos Peña, octubre 15 de 2006.
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