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AVATAR: ¿ficción o profecía?

Santiago, diciembre 29 de 2009

Un ataque bélico a indígenas peruanos que rechazaban mediante una protesta pacífica la explotación irracional de recursos en su territorio a través de una Ley Forestal y de Fauna Silvestre que regulará las inversiones extranjeras en una zona del territorio amazónico. La amenaza en Colombia de entregar zonas de páramo para explotación minera o la utópica y peligrosa idea de construir una carretera a través del Tapón del Darién, en la frontera de este país con Panamá, para abrir el paso a comerciantes e industriales deteriorando de paso una de las zonas selváticas más impenetrables, ricas y frágiles, uno de los pulmones naturales del planeta. La tala indiscriminada de bosques y de selva en varios países. La lluvia de glifosato sobre parques naturales para “acabar con las matas que matan” (como si alguna planta matara y no fuera la acción del hombre) y que lo único que logran es acabar con la biodiversidad animal y vegetal. La desecación sorpresiva y peligrosa de espejos de agua. El deshielo de glaciares que proveen de agua a comunidades enteras. Todos estos hechos son apenas muestras de la acción arrasadora del ser humano en aras de un pretendido afán desarrollista.

Arrasar con los recursos naturales hasta agotarlos. Ese es el peligro.

La recién estrenada película “Avatar” relata una historia fantástica que consciente o inconscientemente reproduce lo que ya está sucediendo de manera callada en varias partes del planeta. Es tanto el agotamiento de los recursos naturales que incluso comunidades indígenas, ignoradas en sus propios países, han salido a protestar contra medidas “progresistas” que atentan contra su supervivencia; pero no sólo la de ellos.

Compañías nacionales o transnacionales han emprendido una marcha acelerada y feroz con el propósito de aniquilar los ya insuficientes recursos de naciones que todavía cuentan con ellos. Y son precisamente de los países llamados en vías de desarrollo y que más bien deberían denominarse “en vías de devastación”.

Los desplazamientos del futuro ya no serán por la violencia de siempre; serán desalojos ambientales. Los seres humanos huirán del hambre y de la sed por agotamiento de los recursos; pero también lo están haciendo todos los seres vivos como animales y árboles que huyen de la sequía y trepan por las cordilleras buscando el frío y la humedad.

Y  para que la película sea más real, las imágenes en 3D casi nos hacen sentir la ficción como una realidad muy próxima, una realidad que por poco podemos tocar. La palabra misma “avatar” nos desconcierta: si bien puede significar una aparición en cambio de otra,  una reencarnación o transformación, también puede expresar vicisitud, cambio.

Una premonición. Porque son los nativos quienes se enfrentan a los que pretenden arrasar con la “madre tierra”. Desde el Cabo de Hornos hasta el Tapón del Darién, las comunidades indígenas se han levantado para defender la “Pachamama”. Como en la película.

Hará falta que el invasor, el colonizador, transformado en “avatar”, metido en la piel y en los sentimientos de quienes defienden la preservación del planeta, se haga realidad también en nuestros países colonizados ya no por los europeos sino por las transnacionales y lidere la batalla para salvar nuestra maltrecha “civilización”.

De cada uno de nosotros depende el futuro que acogerá o no dará cabida a nuestros nietos.

» El Ciudadano Kane y
el Ladrón de Bicicletas
“…Por eso nos pasa lo que nos pasa. Tenemos una élite cuya inteligencia es un misterio (puesto que nunca ha sido puesta a prueba) y cuyas virtudes morales (fuera de su entusiasta participación en los ritos dominicales) nunca se ejercitaron del todo cuando el horror se acercó a nosotros. Continúe leyendo ».

Carlos Peña, octubre 15 de 2006.
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