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Crisis Financiera, Recesión y
el Nuevo Pacto Social

Santiago, mayo 26 de 2009.

*Por Chluwe.

Afirmar olímpicamente que habrá una contracción de la actividad y un incremento del desempleo, alimentados por las malas políticas del Gobierno, es no asumir la responsabilidad por el “funcionamiento legal” de las operaciones financieras con que se articuló toda la economía nacional y planetaria hasta no hace mucho y que de persistir en este modelo, el colapso será recurrente y más que cíclico. De manera que culpar a los Gobiernos y Estados es una más de los especuladores y la codicia.

El pertinaz columnista Luis Larraín Arroyo, Ingeniero Comercial, Licenciado en Economía de la Pontificia Universidad Católica y actual Subdirector de Libertad y Desarrollo, sin abandonar sus negocios en la Cámara Chilena de la Construcción, sustituye su reciente cantaleta de “más y más libertad de mercado” - que presuntamente se autorregula -  por la imputación a los gobiernos democráticos de La Concertación como actores sistemáticos que, según él, han dificultado la actividad empresarial.

Con el aumento del desempleo, cada vez existe menos capital o circulante en los hogares, que empiezan a ahorrar por la alarmante situación a que se ven confrontados. Con eso cae más aún la demanda en tiempos que tendría que subir, para poder mantener el sistema en equilibrio. Hoy día ya estamos rozando  la cifra de un tercio de la fuerza laboral mundial que está sin empleo y si todo queda tal cual como está, tendremos que asumir una sociedad, donde sólo un quinto de la fuerza productiva tendrá empleo.

La continua depresión de la demanda hace que las empresas limiten cada vez más sus inversiones reales y las sustituyan por  inversiones en racionalización e inversión en mercados financieros (mercado irreal) donde acumulan capital para luego comprar otras empresas ya existentes donde de nuevo no crean nuevo empleo, sino que hacen reingeniería y racionalizan.  Otro aspecto es la sobre-acumulación: muchas empresas analizan los mercados y detectan probables crecimientos de un uno por ciento en un mercado. Ahora, si hay 5 empresas, todas piensan poder ofrecer en el mercado su producto y saciar aquella demanda de un uno por ciento más. En vez de una producción 1% por encima de la producción presente, se crean 5 % más.

Las teorías de Keynes afirman que la evolución del mercado capitalista bajo los regímenes hegemónicos de estos tiempos se compone de tres fases: En la primera fase encontramos más demanda que oferta que hace que las empresas simplemente producen lo que quieren y desempleo prácticamente no existe, y el Estado puede recaudar mucho capital, que le sirve para gastar en tiempos de poca demanda.  La segunda se caracteriza por las fluctuaciones. Aquí ya apunta hacia un declive en las tasa de crecimiento de la economía mundial.  En la tercera fase, la creciente productividad conlleva a un desarrollo en la economía, que pone en vigor un círculo vicioso difícil de deshacer.

Tras el más reciente colapso financiero y económico, estamos claros que la idea de un crecimiento infinito de las economías mundiales no es factible, lo cual deja sin piso a Larraín, toda vez que el  objetivo fundamental de las economías debe ser la estabilidad del empleo, particularmente ante el creciente factor demográfico como por el acelerado proceso en que el Capital se apropia de más y más trabajo humano.  De manera que en una lectura actualizada de Keynes, para conseguir aquel objetivo, debemos revisar los términos de un adecuado Pacto Social.

Se trata de establecer una legalidad para la justa distribución de las remuneraciones fundadas en el factor trabajo, reduciendo las distancias colosales e injustificadas en la distribución de la riqueza generada en el mundo productivo y de los servicios. Se deben reducir las distancias en los salarios de la mano de obra y los  servicios respecto del top management. Además, la intervención del Estado sobre todo en productos básicos como Educación y Cultura, es inalienable. Tenemos que volver a tener más Estado para tener una distribución más equilibrada de los bienes comunes.

Respecto de la reducción de la jornada laboral y generar los tres turnos de 8 horas para completar las 24 horas-día, no parece ser una preocupación de quienes sienten ser líderes y dueños de los sistemas productivos de la sociedad. Ellos, libres de toda culpa en sus conciencias, mantienen jornadas inhumanas de 12 y hasta 14 horas laborales diarias sobre personal “polifuncional o polivalente”, que no sólo excluye a ese tercio de la fuerza laboral que mantiene en paro, sino que daña la vida familiar y el cuidado de los hijos en hogares desintegrados en la lucha por el pan.

Así, es imposible seguir apostando a los efectos que conlleva una productividad que aumenta anualmente junto a la creciente tasa de población humana. Pero no sólo la firme lucha por lograr ajustes en los aspectos citados, la conducción para mantener nuestra sociedad en equilibrio, sino también el intercambio cultural hacía un consumo sustentable serán referentes que hay que tener en cuenta. Aquí Keynes nos muestra el camino para reencauzar las cosas en el ámbito socio-económico, donde ciertamente no hay espacio para los intereses de los poderosos en una justa repartición de los recursos. Pero, quién se atreve a romper con este sistema de comercio y enajenación de la riqueza colectiva, que no incluye a la gente. La reconstrucción del mercado interno será un punto de partida.

» El Ciudadano Kane y
el Ladrón de Bicicletas
“…Por eso nos pasa lo que nos pasa. Tenemos una élite cuya inteligencia es un misterio (puesto que nunca ha sido puesta a prueba) y cuyas virtudes morales (fuera de su entusiasta participación en los ritos dominicales) nunca se ejercitaron del todo cuando el horror se acercó a nosotros. Continúe leyendo ».

Carlos Peña, octubre 15 de 2006.
» Recuperación de los
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